jueves, 19 de junio de 2008

La separación

Hace como tres meses que me separé, después de casi veinte años de vida matrimonial.
no sé bien que pensar y que decir. Creo que jamás debí casarme, nunca quise realmente hacerlo.
Una vez más no supe decir que "no" y no supe salir de situaciones difíciles. tenía ya una hija con él de dos años, una relación malísima con mi madre que me obligó a salir de su casa y decidir que hacer de mi vida. No tuve la fuerza ni el coraje de decirle al otro que no quería nada con él, solo que me ayudara a salir adelante con nuestra hija, me sentí en ese momento obligada a ceder y aceptar una relación a cambio de bienestar económico, seguridad para mi hija, para mí a costa de vivir y tener una vida de casada con alguién que no amaba. me inventé miles de excusas e historias para sobrevivir, pensé que podría construir una buena relación, pero ese otro tampoco estaba preparado para aquella magna tarea. tuve otro hijo y finalmente formé un hogar pero seguía igualmente muy infeliz. había dejado proyectos de vida botados, varias carreras universitarias !la típicahistoria de muchas jóvenes !, me sentía tan frustrada, tan poca cosa. mi autoestima estaba por el suelo, por lo demás mi esposo tenía una concepción de la mujer en extremo machista, yo había pasado a constituir como la sirvienta de la casa, sin posibilidades de comunicación ni expresión de ideas ni de sentimientos. fue un desastre, cada día que avanzaba era más grande mi pena, mi desaliento. hasta yo creía todo lo basura que me hacían sentir y yo no me quería para nada. hasta que un día cuando empecé a estudiar fui tomando fuerza y valor hacia mí persona, me fui relacionando con otras personas y conversando más y más, hasta ver que esto no tenía sentido. y finalmente tomé la decisión de separarme y dejar atrás el pasado y las penas. Hoy soy feliz, inmensamente feliz, vivo tranquila, me quiero mucho y soy capaz de todo lo que yo quiera ser. ya no importa lo que no fue o lo que fue y cómo resultó, ahora importa el ahora, lo disfruto plenamente.

EL PODER DE LAS PALABRAS


El poder de las palabras, lo transforma todo
tan solo decir, no quiero y cambia el mundo
tan solo decirse a sí mismo, soy valiosa y todo cambia
el poder de las palabras,
me hace decir te amo
me hace pensar, me hace feliz
más aún cuando se devuelve la felicidad, la reciprocidad, la armonía
mi mirada en búsqueda de la tuya
Tu voz que me busca y me encuentra
Tu pensamiento converge al mío
El poder de las palabras, transforma al mundo
y lo llena de acordes y sinfonías
de ondas y arrullos
Tu boca y la mía se funden en el beso más amoroso
en el que
se pierde el tiempo y el espacio
Tu cuerpo y el mío juntos por siempre
El poder de las palabras, esculpe mi humanidad y me hace tuya, te hace mío
Tu energía vibra hacia mí y me hace mujer.

y no sabía que existía la paz


Hoy es un día hermoso, me levanto por la mañana y se respira tranquilidad, equilibrio. Todo parece perfecto, cada sonido que proviene del ambiente emerge como una sinfonía celestial, nuca me había sentido así, tan calma, ¿era posible todo esto?, si, por qué no, Renato salía a trabajar como cada mañana, tranquilo, cariñoso, y se respiraba la mañana clara como una cascada suave de agua fresca que limpiaba la casa, cada pisada iba dejando un brillo maravilloso, una estela brillante que anunciaban signos de paz, de tregua.

Yo no sabía que hacer con toda esa paz, me inundaba y casi me intoxicaba con esa vital energía pura, me miraba en el espejo y veía mi alma reflejada allí, me hablaba y danzaba para mí. Sonriente, despampanante que me decía:

-¿esto es lo que buscabas y anhelabas?, ¿eres feliz?, ¿tienes todo lo que querías?

Meditaba en esas palabras que mi conciencia susurraba y parecía ser el preludio al movimiento violento y descarnado de todo cambio, así como a toda tormenta le sucedían momentos de inercia, de linealidad, entonces ahora llegaba el momento de la agitación, ¿quién daría el primer paso?, ¿quién movería la primera pieza del intrincado juego de la vida? ¿quién resultaría ganador o perdedor de este cambio?

-quiero que hablemos y definamos nuestra situación, decía con gran dolor Renato, y yo ya no quería nada más, estaba saturada, había llovido por mucho tiempo en mi vida y las gotas habían erosionado la felicidad.

Esas fueron las palabras que iniciaron la convulsión y el vuelco del momentáneo instante de calma para generar la transformación, fue el inicio del fin y el comienzo de otros caminos.

Sentía un desapego muy grande por la casa, las actividades de ésta, ya no deseaba estar ahí, sólo quería escapar, ser un ave y volar libremente sin destino, pero sucedió que Renato ya había pisado fondo y finalmente preguntó directo, ¿quieres seguir conmigo o ya no tenemos solución? yo, sacándome los miedos y las angustias le dije

- ya, se acabó, es demasiado tarde para reconstruir algo.

Sentí un gran alivio, así como las hojas de los árboles caducos cambian las tonalidades en otoño, de verde a amarillo, de amarillo a rojo, esas palabras volaron ondeantes y suaves en la atmósfera y transformaron el mundo. Se produjo el gran quiebre, aquél mosaico de tiempos y espacios vividos desestructurándose de un solo golpe, pero esos pedacitos se los llevó la lluvia y el viento otoñal, para dejar paso a la felicidad, a la paz.

Él, se fue y todo cambió…ahora siento un vacío, se fueron tantos momentos difíciles. Aún no he hecho cambios en casa, el tiempo ha quedado congelado, es extraña la sensación, quise reír y se llenó mi cara de felicidad, por primera vez, ahora yo sola enfrentada a mí misma y sin saber que existía la paz.